jueves, 28 de agosto de 2014

miércoles, 27 de agosto de 2014

Atlas Farnesio

http://ancientrome.ru/art/artwork/sculp/mythology/gr/atlas/atl005.jpg  
El así denominado Atlas Farnesio (por haber sido adquirido en 1575 por el cardenal Alessandro Farnesio) se exhibe hoy en día en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Se trata de una escultura en mármol de 2 metros de alto, con un globo de 65 centímetros de diámetro. Adviértase en la esfera celeste, entre otras figuras en altorrelieve, el barco Argos y, a la derecha, la constelación de Sagitario (amplíese)
 http://ancientrome.ru/art/artwork/sculp/mythology/gr/atlas/atl001.jpg
En la escultura original, que data del 300 a. de C., se pueden observar en el globo cuarenta y dos constelaciones (de las cuarenta y ocho que se reconocían en la antigüedad, registradas por  Claudio Ptolomeo en su tratado astronómico Almagesto)

Miércoles de caricatura mercurial

Ron Perelman por Lorenz
Julia Louis-Dreyfus por Magnusson
Heather Ledger en el papel del Joker, por Russo
Guillermo del Toro por Duque

Truco


Terror telúrico


Poder


Ra$cacielo$


martes, 26 de agosto de 2014

¿Por qué pensar en los 100 que no cumplió?

Lazos de familia

Odian de tal manera a la tía Angustias que se aprovechan hasta de las vacaciones para hacérselo saber. Apenas la familia sale hacia diversos rumbos turísticos, diluvio de tarjetas postales en Agfacolor, en kodachrome, hasta en blanco y negro si no hay otras a tiro, pero todas sin excepción recubiertas de insultos. De Rosario, de San Andrés de Giles, de Chivilcoy, de la esquina de Chacabuco y Moreno, los carteros cinco o seis veces por día a las puteadas, la tía Angustias feliz. Ella no sale nunca de su casa, le gusta quedarse en el patio, se pasa los días recibiendo las tarjetas postales y está encantada.
Modelos de tarjetas: «Salud, asquerosa, que te parta un rayo, Gustavo». «Te escupo en el tejido, Josefina». «Que el gato te seque a meadas los malvones, tu hermanita». Y así consecutivamente.

La tía Angustias se levanta temprano para atender a los carteros y darles propinas. Lee las tarjetas, admira las fotografías y vuelve a leer los saludos. De noche saca su álbum de recuerdos y va colocando con mucho cuidado la cosecha del día, de manera que se puedan ver las vistas pero también los saludos. «Pobres ángeles, cuántas postales me mandan», piensa la tía Angustias, «ésta con la vaquita, ésta con la iglesia, aquí el lago Traful, aquí el ramo de flores», mirándolas una a una enternecida y clavando alfileres en cada postal, cosa de que no vayan a salirse del álbum, aunque eso sí clavándolas siempre en las firmas vaya a saber por qué.


-Julio Cortázar, fallecido a los 69 años

Atlas/O el cielo sobre nuestra cabeza

Atlas con las esferas celestes a lomo, 1515, grabado de Hans Holbein
Atlas carga la esfera de las constelaciones, 1560, grabado de Durero
 Atlas carga a Urano, el cielo (no a Gaia, la Tierra)
Detalle del Atlas Farnesio
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¿Qué soporta el titán Atlas en hombros?
 

Todos quieren ser ramiros o alcaldes


Don Étimo y los Emmy

Ayer se llevó a cabo la entrega de premios a lo mejor de la TV gringa: los Emmy
Awards, vigentes desde la posguerra, en los albores (1949) de la década de los cincuenta, cuando brotaron en serie los miembros de tradicional familia ideal de clase media norteamericana, modelo a seguir del American-Way-of-Life (o consumismo compulsivo familiar: ¡todos al Mall!) que hizo impensable "la célula básica de la sociedad" sin casa propia, auto propio, niños propios, perro propio y... TV propia.
¿Por qué los premios se llaman Emmy? La jerga gringa perezosa y, por ende, proclive a las contracciones, bautizó con nombre de mujer (Emmy) dichos premios de TV, por el parecido fonético de emmy con la contracción: immy, pronunciación inicial de 'imidch' o image-tube, imagen en pantalla del televisor de bulbo.
En los cincuentas, la TV era la máxima tecnología de comunicación masiva. De ahí que la estatuilla de los Emmy, según los diseñadores, simbolizara la conjunción de ciencia (en su noción de ciencia aplicada o tecnología)... y arte (la interpretación de los actores, la labor del guionista, la dirección del teledrama), conjunto representado por una mujer con alas, ¡Oh, ángel de la señal instantánea!, sosteniendo un gran átomo. Trofeo obsoleto porque la imagen del átomo ya no es, en el imaginario popular, sinónimo de ciencia moderna ni la TV es ya 'tecnología de punta': lo es ahora el internet que posibilita el adictivo-enjambre-de-perfiles, vulgo 'redes sociales', o -actualizando el cacofónico Himno Nacional-u-u-un gadget con aplicaciones en-cada-hijo-te-dio. 
De cualquier manera, 'todo-el-mundo' habrá contemplado la ceremonia de premios Emmy con arrobo extático (la zorra-que no-alcanza-pero-saliva-las-uvas del glamour) y pasmo admirativo (esto es una orden masiva: atiéndase con morbo y tómese nota pormenorizada -nombres y apellidos; parejas y consortes- de los especímenes peatonales de la red carpet, pues la moda, el gesto, el estilo a imitar está en los detalles de la alfombra mágica del E!ntretenimiento gringo urbi et orbi). 
¿Quién ganó este año en la TV estadounidense? ¿Breaking Bad o Modern family? Da igual: atada con cable al cable, la audiencia cautiva de la periferia mexicana se rinde extasiada a las series gringas de televisión, género que se erige como el único remedio casero posible contra el habitual déficit de atención. O casi, va el zapping! (MFM)

El resultado de entrevistar a un presidente analfabeto/ O de hablar de todo menos de (¡horror!) libros

 La entrevista a Peña Nieto y el desprecio a la cultura
 -Héctor de Mauleón, 25 de agosto de 2014

El director del Fondo de Cultura Económica (FCE) decidió celebrar los 80 años de la legendaria editorial que dirige, mediante la transmisión de un programa de 90 minutos en el que el presidente Enrique Peña Nieto no habló de la fundación del Fondo de Cultura Económica, ni de los libros que a lo largo de ocho décadas ha publicado el Fondo de Cultura Económica, ni de los autores que a lo largo de ese tiempo ha dado a conocer el Fondo de Cultura Económica, ni tampoco de los temas que la editorial ha traído a la cultura mexicana desde que publicó, en 1935, su primer libro (El dólar plata, traducido por Salvador Novo).
No, el presidente fue al aniversario del Fondo de Cultura Económica a hablar de las reformas estructurales que su gobierno ha emprendido. Seis señalados periodistas preguntaban, y el presidente contestaba, o hacía que contestaba. Las redes sociales hirvieron desde el primer instante: se cuestionó duramente la calidad de las preguntas y la calidad de las respuestas. En mi opinión, quedó de lado la cuestión de fondo: el desprecio tradicional por la cultura, el espectáculo de ver actuar al director del Fondo no como director del Fondo, sino como comunicador social de la Presidencia.
Los anivesarios son oportunidades que nos proporciona el calendario para que nos repensemos. Los aniversarios sirven para comunicar tradiciones: ayudan a entender procesos.

Me gusta pensar que el FCE nació, no el 3 de septiembre de 1934, según se lee en los libros de historia, sino un poco antes, la tarde en que el filósofo español más influyente de su tiempo, José Ortega y Gasset, demostró su desdén infinito por la cultura latinoamericana y una ceguera absoluta sobre el tiempo que estaba viviendo. 
En México se acababa de abrir la carrera de Economía. Terminaba el "maximato". No había en el país los libros de economía más básicos: los pocos que circulaban estaban escritos en inglés, y los estudiantes mexicanos no conocían otra lengua que la suya.
Daniel Cosío Villegas concibió la idea de viajar a España para proponer a los editores de Espasa Calpe que editaran libros de economía traducidos por mexicanos. Las ganancias se quedarían en la península, pero los estudiantes naciuonales podrían tener acceso a algunos títulos. Ortega y Gasset, asesor de Espasa, declaró que el día en que los latinoamericanos tuvieran algo que ver en la actividad cultural de España, la cultura española "se volvería una cena de negros."
Cosío regresó con la idea de formar una pequeña editorial que pusiera la literatura económica al alcance de los estudiantes. Tras reunir el donativo de algunos amigos burócratas, propuso al estado mexicano la creación de un fideicomiso. "Aseguramos una completa independencia, pues ni el gobierno ni los particulares podrían decirnos 'doy dinero si ustedes hacen tal o cual cosa', declaró.
En tres años sólo pudo publicar 16 títulos. Esos libros bastaron, sin embargo, para que el FCE empezara a convertirse en un fenómeno inédito en la historia cultural de América Latina.
Como sucede en las novelas, en 1937 llegó el exilio español, del que formaban parte editores, traductores, correctores de estilo. Aquello fue una verdadera cena de negros que habría hecho vomitar a Ortega (y, como dice el chiste, también a Gasset). El FCE amplió su vocación económica, se asomó a la literatura y al pensamiento humanista contemporáneo, ensanchó su catálogo editorial, abrió nuevas colecciones que pronto se volvieron legendarias y adquirió un papel protagónico en el surgimiento de la industria editorial mexicana. Antonio Caso, Alfonso Reyes, Silvio Zavala, Agustín Millares, Pedro Henríquez Ureña, José Gaos, Joaquín Díez-Canedo, son sólo algunas de las firmas que ayudaron a consolidar su prestigio.
Pero la política suele estorbar los proyectos editoriales. Cosío dejó la dirección del FCE, dice el historiador Víctor Erwin Nova, en parte por su carácter difícil y autoritario; en parte por un artículo, La crisis de México, que molestó al presidente Alemán (el artículo decía que 'la Revolución había sido capturada por arribistas sin ideología'). 
En su lugar quedó el argentino Arnaldo Orfila, quien a lo largo de 17 años no sólo prosiguió la obra de Cosío sino hizo de la editorial, para decirlo en pocas palabras, la casa de la cultura mexicana y una sede del pensamiento universal. Gracias a Orfila, el Fondo dejó de ser una editorial para académicos y universitarios y se volvió una editorial para lectores, con proyección nacional e iberoamericana.
Orfila fue despedido por tres razones: por el escándalo que desató la publicación del libro Los hijos de Sánchez, acusado de denigrar a México; por la simpatía que él le domostraba a la revolución cubana "y a todo lo relacionado con el tercer mundo"; y porque al presidente Díaz Ordaz no le gustó que un personaje con ese perfil tuviera la visibilidad que Orfila había adquirido. Intervino la editorial y dejó como director a un personaje afín: Salvador Azuela. Se conoce de sobra la lucha emprendida por los editores que han dirigido el Fondo.  
Muchos nos preguntamos por su futuro en estos tiempos de crisis del libro. El FCE es, sin embargo, todos los libros que en este país hemos leído: de Juan Rulfo a Octavio Paz, de Elena Garro a José Emilio Paceco, de Carlos Fuentes a Sor Juana, de Juan José Arreola a Rodolfo Usigli, de Bertrand Russell a Roger Chartier, de Marc Bloch a Claude Lévi-Strauss...
¿Es tan difícil recordarlo?

lunes, 25 de agosto de 2014

¿Y la labor del FCE? Al fondo a la derecha

Conversación a modo

-Jesús Silva Herzog

Se entiende que el gobierno defienda su gestión, que argumente el sentido de los cambios que ha impulsado, que llame al respaldo. Se aprecia que finalmente haya un esfuerzo de comunicación pública, tras el encierro de las negociaciones palaciegas. Lamentable que, para hacerlo atropelle a una institución de cultura tan importante para México como el Fondo de Cultura Económica

Sin vínculo con la misión de la editorial, la entrevista constituyó, estrictamente, una violación de su Estatuto Orgánico. El Fondo de Cultura Económica no es un órgano periodístico ni merece trato de agencia de relaciones públicas de la Presidencia. Lejos de ser una conversación a fondo, la editorial organizó una conversación a modo. Uno de los momentos más penosos en la historia de esa casa. Una institución pública de cultura convertida en plataforma publicitaria de la Presidencia. La estructura del programa exhibió, en primer lugar, una perversión de nuestra vida pública que no puede considerarse normal. Un funcionario público conduce un programa televisivo para entrevistar… a su jefe. Los temas que se plantean para guiar la conversación son… los que convienen al jefe y se plantean con la elogiosa etiqueta de sus promotores: Las Reformas Estructurales. ¿El crimen, la inseguridad, la falta de crecimiento? Temas fastidiosos que podrían molestar al Señorpresidente que tan generosamente abre las puertas de Palacio Nacional. El tema único son "Las Reformas" y los periodistas invitados para interrogar al jefe coinciden en lo fundamental con ellas. En un lance de atrevimiento, el director del Fondo de Cultura Económica osó plantear lo que él consideró una "provocación". Si a alguno de ustedes les hubieran dicho que Peña Nieto conseguiría en 20 meses todo lo que se propuso, ¿lo habrían creído? ¿Provocación? No: piropo. Y los piropos al jefe merecen otro nombre: adulación.

Esa es la mancha que deja el evento. El Fondo de Cultura Económica, una institución capital de nuestra cultura, ofreciendo tribuna al servilismo más obsceno, levantando murallas a lo discutible, masticando las superficialidades del columnismo cotidiano.

Algo aportó esa entrevista: una confesión. Para el presidente la corrupción es un molestia menor, un hábito cultural. Es un fenómeno mundial. Está en la misma naturaleza humana, insistió. Luego soltó su convicción profunda y firme: la corrupción es un fenómeno cultural. La corrupción, "es un tema, yo insisto, de orden cultural." En una intervención muy oportuna y clara, León Krauze discrepó: la corrupción no radica en nuestro modo de ser, sino en un régimen político fincado, como dijo Zaid, en la propiedad privada de las funciones públicas. Ubicar la corrupción en el espacio de las costumbres es abdicar a combatirlo institucionalmente, es confiar en la intervención de los siglos, disculpar los abusos con excusas antropológicas. La confesión presidencial es en extremo preocupante. Que siga pensando a estas alturas que la corrupción es un tema "de orden cultural" significa que la corrupción existe porque "así somos." Hacer trampa está en nuestra naturaleza histórica. Peña Nieto apuesta a una solución: ¡la reforma educativa! Tenemos que fomentar valores, principios. No será con mecanismos persecutorios que podremos cambiar nuestra cultura. El argumento del presidente será lamentable pero no es incongruente: si se cree que la corrupción es un hábito cultural, habrá que esperar que dentro de dos o tres generaciones empiecen a cambiar los valores de los mexicanos.

Tal vez Peña Nieto pensaba en la escuelas de su estado natal donde, en lugar de civismo, se imparten lecciones prácticas de vasallaje. Animal político hizo público un documento que merecería un escándalo gigantesco. La oficina de Servicios Educativos Integrados del Estado de México instruyó a los directores de las escuelas públicas que leyeran un mensaje de promoción del presidente y el gobernador. Había que agradecer al presidente Peña Nieto el regalo de 317 mil tabletas. Sí: esa fue la primera lección que recibieron los niños mexiquenses este año escolar. Los servicios públicos presentados como obsequio de los gobernantes. Como la entrevista del Fondo de Cultura Económica, hay que empezar dándole las gracias al Señorpresidente.
Este experimento de modernización ya lo conocimos. Que la modernidad mexicana sea en verdad "nuestra": corrupta, como, a juicio del PRI, somos.
 José Carreño Carlón, actual director del FCE (y Jefe de Prensa durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari)

Culinaria


Don Étimo en pos de sentido

¿De dónde provendrá la noción de rodilla con el significado de rival en amores?

Iniciativos privados


domingo, 24 de agosto de 2014